Recordando al beligerante Sindicato de Radioperiodistas de Managua

Se están cumpliendo 39 años del histórico Periodismo de Catacumbas

El periodista Roberto Arévalo nos relata la fundación del SRPM

Dirigentes del Sindicato de Radioperiodistas de Managua analizan las graves amenazas contra la libertad de expresión de parte del gobierno de Anastasio Somoza Debayle en 1978

Por: Freddy Rostrán A.

El 30 de abril de 1966 fue fundado el Sindicato de Radioperiodistas de Managua, iniciándose así una historia de lucha por la libertad de expresión en Nicaragua.

A lo largo de sus 13 años de existencia, el Sindicato organizó numerosas marchas contra la represión de Somoza a la libre emisión del pensamiento a través de los radioperiódicos independientes.

“¡Abajo el Código Negro!” era el grito de batalla de los radioperiodistas en las calles de Managua, y cada vez se sumaba más gente a la lucha. El 1 de marzo de 1978, cuando apenas habían transcurrido dos meses ni siquiera cumplido del asesinato de Pedro Joaquín Chamorrro, el SRPM encabezó una marcha memorable.

Era el Sindicato de Radioperiodistas de Managua el que salía a los mercados a recolectar dinero para pagar las oprobiosas multas que imponía la Jefatura de Radio a los noticieros para que pudieran volver al aire tras haber sido sancionados por informar sobre la lucha contra Somoza, que cada vez se hacía más intensa.

El Periodismo de Catacumba

Fue también el Sindicato el que organizó el Periodismo de Catacumbas cuando, después del asesinato de Pedro, ya no fue posible informar a través de las emisoras.

En un artículo publicado en DIARIONICA el 20 de enero de 2014, el colega Juan Alberto Enríquez escribió:

“El 28 de enero de 1978, en la tarde, cayendo la noche, en una reunión de Directivos con directores de Radioperiodicos, se decidió hacer una Asamblea General de Periodistas (Radioperiodistas) en la que se avaluaría EL RADIOPERIODICO UNITARIO que se realizaría la mañana siguiente, con la participación, en la cadena, de los medios de comunicación que habían sido constantemente afectados con las multas, las amenazas y en general sufrían la censuras por el somocismo y su instrumento, la Dirección de Radio y TV de la Guardia Nacional.

Se integraron, previo acuerdos con ellos, a las seis de la mañana: Noticiero Mundial (Guillermo Treminio), que servía de cabeza, seguido de Sucesos de Radio Corporación (José Esteban Quezada), Aquí Nicaragua de Radio Mi Preferida (William Montiel y Peña), Extra de Radio Continental (Dr. Rodolfo Avendaño Sandino y Freddy Rostrán Aráuz). Se trataba de toda la audiencia del dial, con la exclusión del somocismo.

Efectivamente se hizo el Noticiero con las voces que se propusieron para la locución, eran los tradicionales: Guillermo Treminio, César Estrada, Bismarck Rodríguez, y Eduardo López Meza.
Se elaboró una proclama de los periodistas, en la que no se mencionaba ningún nombre propio o sea se asumía esa actitud con beligerancia, pero se nombrabas al somocismo y se le acusaba de ser el responsable de la crisis, que estaba ocurriendo en Nicaragua y de lo que sucedía a los periodistas y medios de comunicación.

El comunicado se firmó de forma individual, porque no todos eran miembros del Sindicato, no compartían los criterios políticos de la dirigencia, de tal manera que dábamos chance a buscar mayar cantidad de aliados.

El Noticiero Unitario fue mandado a cerrar por orden de la GN, sin que hubiese resistencia para mantenerse en el aire. Algunas emisoras fueron se aliaron con la represión del gobierno, tomando sus propias acciones para no aparecer enfrentadas al somocismo.

La Dirección de Radio y TV de la Jefatura de Radio de la Guardia Nacional, Coronel Alberto Luna Solórzano, se había enterado que teníamos organizados y convocado a una Asamblea Evaluativa. Luna se hizo presente, pretendiendo dar explicaciones por qué no se podía efectuarse una cadena de Noticieros. Alegaba que debíamos de solicitar permiso a su autoridad, debería ser con tiempo determinado, pues tenía que analizar la solicitud y otras cosas. Era unas cargas burocráticas para decir NO.

Antes que tomara la palabra el delegado del somocismo, lo hicieron los periodistas Francisco Hernández Segura y el profesor Gustavo Montalván padre (ambos fallecidos). Lo hicieron en varias ocasiones, dieron la cara refutando una por una los argumentos del militar, mientras que el resto del auditorio, se encargaba de vitorear a los oradores y abuchear a la contra parte.

Ese mismo día a las once de la mañana a la hora de la emisión del Noticiero “Aquí Centro América” de Radio Corporación, cuyo director fue Bismarck Rodríguez Soza, estaba siendo amenazado con el cierre y de multas por la Jefatura de Radio y TV, según le decían se le aplicaría, de lo que el gremio llamaba Código Negro, esa presión del régimen sirvió para encender más los ánimos de los periodistas presentes en la asamblea, en el local del Sindicato, y del gremio en general, declarando que no se sometería a la voluntad y capricho de la dictadura”.

El colega Pablo Emilio Barreto Pérez hace las siguientes remembranzas:

“He oído en tu noticiero radial “El Despertar” y leído en tu “DiarioNica” electrónico el abordaje del ya conocido Periodismo de Catacumbas, ocurrido, según mis anotaciones en libretas, del 31 de enero al 11 de febrero de 1978, debido a la persecución sistemática y de censura de prensa que desató la dictadura somocista genocida, encabezada por Anastasio Somoza Debayle, después del asesinato vil o magnicidio del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, entonces Director del Diario LA PRENSA, aquel 10 de enero fatídico, que terminó de encender la llamarada popular para el derrocamiento total del régimen sanguinario dinástico, fundado por Anastasio Somoza García, después de que éste y sus guardias nacionales asesinaran al General Augusto C. Sandino en febrero de 1934.

Además de algunas anotaciones breves que he rescatado, sí recuerdo muchos detalles de aquel accionar valiente y desafiante de un grupo nutrido de periodistas (hombres y mujeres) antisomocistas, o sencillamente no somocistas, que frente a la censura del régimen somocista opresor mortal, decidimos acudir a los atrios y patios de las iglesias católicas, a los recintos universitarios de la UNAN-Managua y en León, y de la Universidad Centroamericana, a los auditorios de centros laborales fabriles en Managua, en León, en Chinandega, en Estelí, en asambleas en el Diario LA PRENSA, en los locales de centrales sindicales como la CGT (i) y del Sindicato de Albañiles, Armadores y Similares; en callejones del Mercado Oriental, en reuniones clandestinas del entonces poderoso Movimiento de Trabajadores Hospitalarios, quienes ya habían protagonizado varias huelgas que pusieron nervioso al régimen somocista genocida tanto en Managua, como en León, Masaya, Granada y Chinandega, por ejemplo; acudíamos, sobre todo, a leer las noticias censuradas sobre la huelga general, sobre las represiones, torturas y encarcelamientos de opositores a la dictadura somocista; sí, íbamos a dar a conocer esas informaciones a vecindarios combativos como las Colonias Nicarao, Catorce de Septiembre, Bello Horizonte; en el Barrio Riguero, Barrio Santa Rosa, Barrio El Tempisque, OPEN-III (hoy Ciudad Sandino), en Colonia Maestro Gabriel, en la Iglesia Santa Faz del Barrio Costa Rica, en el Barrio El Edén, en la Colonia Diez de Junio, etc.

Recuerdo perfectamente esta parte del Periodismo de Catacumbas porque yo, además de periodista o reportero cotidiano y fotógrafo del Diario LA PRENSA, era Secretario General de la Asociación de Vecinos de Bello Horizonte, la cual tenía relaciones abiertas o públicas y también clandestinas, con numerosas Juntas Comunitarias de los sitios que he mencionado. Yo le daba cobertura al accionar del Periodismo de Catacumbas y al mismo tiempo iba en mi carrito Datsun 100-A, color azul, a leer las informaciones y distribuirlas entre los miembros de las Juntas Comunitarias mencionadas. También las divulgaba con altoparlantes en el Reparto Bello Horizonte.

La lucha frontal contra la dictadura somocista genocida, además del Frente Sandinista clandestino, organizaciones sindicales, empresariales, de profesionales, de campesinos, trabajadores de la salud, estudiantes universitarios, etc., la librábamos nosotros los periodistas también a través del Sindicato de Radioperiodistas de Managua, las Asociaciones de Periodistas del Norte, del Oriente, del Sur y de Occidente (León y Chinandega). Numerosos miembros del Sindicato de Radioperiodistas de Managua habían sufrido el cierre de sus noticiero por parte del coronel Alberto Luna Solórzano, jefe de Radio y Televisión, quien aplicaba el llamado “Código Negro” de la dictadura somocista.

En esos días de enero de 1978 éramos miembros y directivos del Sindicato de Radioperiodistas de Managua, entre otros recuerdo a: Manuel Eugarrios, César Cortez Téllez, Mercedes Solís Delgadillo, Maritza Cordero Ardila, Freddy Rostrán Aráuz y Pablo E. Barreto Pérez.

Recuerdo que el Sindicato de Radioperiodistas de Managua, funcionando entonces en un local chiquito, lleno de escombros, donde fue la Cruz Roja, frente al Ministerio del Trabajo, después del Terremoto de 1972, acordó que se formara un Comité de Huelga, el cual estuvo integrado por Manuel Espinoza Henríquez, Juan Alberto Henríquez, Alejandro Romero Monterrey, Ada Luz Monterrey, Lilly Soto Vásquez, Carlos García Castillo y César Cortez Téllez.

El Sindicato le confió a este Comité de Huelga que ideara, u organizara formas de vencer el cerco de la censura y persecución sistemática de la dictadura somocista contra la labor cotidiana de informar de los periodistas en todo el país, especialmente en Managua.

Esta Decisión del Sindicato de Radioperiodistas de Managua fue comunicada a los dirigentes de organizaciones populares, sindicales, empresariales, a trabajadores de la salud, a dirigentes comunales barriales, etc. Estas organizaciones manifestaron su apoyo decidido a los periodistas, y también lo hicieron, según recuerdo, las Asociaciones de Periodistas del Norte, de Oriente, de Occidente y Sur de Nicaragua, más igualmente el respaldo decidido de la “Unión de Directores de Radio y Televisión”, “Organización Nicaragüense de Publicidad”, “Asociación de Anunciantes de Nicaragua” y “Empresas Radiodifusoras de Radio y Televisión”, y la Iglesia Católica, por medio de su Curia en Managua, dirigida por el Cardenal Miguel Obando y Bravo, igualmente emitió un comunicado dándonos su respaldo para iniciar esta forma de periodismo callejero, bautizado por la misma gente como Periodismo de Catacumbas”.

Habrá que analizar en algún momento si fue correcta la disolución del Sindicato de Radioperiodistas de Managua en 1979, tras el derrocamiento de Somoza.

El Lic. Roberto Arévalo Alemán recuerda la fundación de esta organización: